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martes, 9 de marzo de 2010

Campanella, un Oscar para América Latina




Aunque los Oscar son imprevisibles, por mucha cábalas previas anticipadoras, desde un inicio El secreto de sus ojos, del cineasta argentino Juan José Campanella, llevaba consigo el pálpito de una posible estatuilla.

No sólo por las virtudes de su factura cinematográfica y el telón de fondo de los años siniestros -preámbulo de los golpes militares que ensombrecieron a América Latina en las últimas décadas del siglo pasado-, sino también porque pesan las coyunturas actuales.

La Academia de Hollywood no es ajena al contexto en que está inmersa. Estados Unidos enfoca de nuevo su mirada hacia el sur de esta región del mundo, con una intención nada inocente o ingenua.

Pero el filme de Campanella tiene suficientes méritos para merecer el lauro de mejor largometraje extranjero.

Además de cumplir con uno de los requisitos consustanciales al arte, desde los griegos a la fecha, la capacidad de entretener -muchas veces olvidado-, lo hace con imaginación y talento a bordo de un lenguaje cinematográfico resuelto con pericia, una fotografía espléndida y una cámara manejada con sabiduría.

El secreto de sus ojos es una cinta de factura apreciable y actuaciones encomiables, cuyas soluciones formales están puestas al servicio de revelar aspectos de la conducta colectiva o individual, de las reconditeces resguardadas tras la apriencia visible.

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